Una mujer de cabello negro, que rozaba peligrosamente sus hombros, llamo a la casa de número 421 de la calle Rowley. Vestía con un suéter de cuello alto negro, jeans pitillos y un abrigo que le llegaba dos palmos antes de la rodilla, todo del mismo color.
-¿Puedo ayudarla en algo? – un hombre de cabello rubio, casi cano apareció en la puerta.
-Sí – sonrió amablemente la chica – Mi auto se averió justo en frente de su casa y he olvidado el móvil, ¿Me podría prestar su teléfono para llamar a la grúa?
- Eh... – el hombre examinó a la chica con una atenta mirada, no parecía para nada peligrosa. – Claro, entre – se hizo a un lado de la puerta para dejarla pasar – El teléfono está en aquella esquina.
-Gracias – tomó el teléfono, dos tonos y contestaron – Hola, mi auto se averío otra vez, Mounsly – bufó
-¿Esta solo? – inquirió una voz femenina desde la otra línea
-Si, lo mismo de siempre – jugueteo con el cable del teléfono
-Okay, tú sólo actúa como sabes – cortó.
-Esta bien, te espero, Estoy en la calle Rowley del número...
-421 – completó el hombre
-421 – hablo la chica por el teléfono, sabiendo que nadie le contestaría, cortó. – Saldrá un dineral – comento sonriente.
-Como todo en la vida, todo es caro.
-Lamentablemente – se acercó a la puerta, abriéndola – Gracias Octavio – dio un paso fuera de la casa.
-¿Cómo supiste mi nombre? – abrió los ojos desmesuradamente – ¿Quién eres? – gruño frunciendo el ceño
-Lo último que verán tus ojos – al terminar de pronunciar la frase Octavio cayó estrepitosamente al suelo, con una jeringa incrustada en su cuello
-Cariño, pensé que nunca llegarías – bufó la chica del suéter negro
-Eva, ¿Crees que es fácil escabullirse por una ventana, sobretodo si está en un segundo piso?
-Tu todo lo puedes Sam – le guiño un ojo coquetamente – ¿Vendrán las demás? – preguntó en tono desinteresado mientras rodeaba el cuerpo del hombre
-No, somos tan perfectas que actuaremos solas esta vez – contesto con autosuficiencia mientras se calzaba sus guantes de látex.
-¿De qué morirá?
-Ataque cardíaco, simple y sin huellas